Con Wuama, cualquier persona tiene a su disposición un equipo completo de empleados digitales: uno te dice cada lunes quién te compra menos que hace seis meses, otro calcula cuánto tarda de verdad en pagarte cada cliente, otro te da el viernes los tres clientes a los que llamar, otro te prepara la ficha antes de cada reunión. Tú hablas con Enzo por WhatsApp. Ellos hacen el resto.
Cada cliente con lo que te ha comprado en los últimos 12 meses, desde tu programa de facturación. Los que crecen, los que bajan y los que ya no piden.
Qué parte de tus ventas hacen tus cinco primeros clientes, y cuántos euros al año perderías si se fuera uno.
Cada lunes, los clientes que compran bastante menos que hace seis meses, con el importe que falta.
Ventas, margen si tu programa tiene costes, y los días reales que tarda cada cliente en pagarte.
Tres clientes cada viernes, con el porqué y lo que decir. Y la ficha de una página antes de cada reunión. Llamas tú.
Wuama no es un chatbot: es una organización. Enzo es el copiloto de la empresa; debajo, directores de departamento; debajo de cada director, empleados digitales expertos en lo suyo. El pack «Tus clientes, en números» contrata el departamento entero con su director.
Habla con el dueño por WhatsApp y por el chat. Recibe cada encargo, decide a qué departamento va y devuelve el resultado en una frase.
Tiene la foto de toda tu cartera: quién compra, cuánto, cuánto te deja y cómo paga. Decide contigo qué clientes cuidar primero y reparte el trabajo a sus cuatro empleados.

Facturas, cobros, pagos, impuestos y el gestor.

Campañas, contenidos y publicación en redes.

Agenda, correo, nóminas y documentación.

Lee tus facturas de venta y saca, cliente a cliente, lo que compra hoy frente a hace seis meses y cuánto pesan tus cinco primeros en el total.

Elige los tres clientes a los que conviene llamar esta semana, con el porqué y lo que decir en la llamada. No escribe a ningún cliente: llamas tú.

Cruza cada factura con el día en que se cobró y saca los días reales que tarda cada cliente en pagarte, no los que pone la factura.

Antes de una reunión, junta lo que compra, lo que ha dejado de comprar, cómo paga y las notas que le hayas dado de la última visita.
Cinco tareas programadas que nacen paradas: el dueño enciende las que quiere. Solo recibe lo que importa, por WhatsApp, en su móvil.
Clientes que compran bastante menos que hace seis meses, con el importe. Hoy, dos: una ferretería que ha bajado de 2.400 € a 900 € al mes y un taller que no pide desde julio.
Una frase, una decisión. El dueño contesta desde el móvil y el equipo sigue.
Bajo demanda: el dueño la pidió el lunes para llamar a la ferretería. Lo que compra, lo que dejó de comprar, cómo paga y las notas de la última visita, en una página.
Tres clientes para esta semana, cada uno con el porqué y lo que decir: el que se enfría, el que paga cada mes más tarde y el que lleva tres meses comprando más y aún no ha tenido una visita.
Qué parte de tus ventas hacen tus cinco primeros clientes. Este mes, el 58 %; si se fuera el primero, perderías 1 de cada 5 euros que facturas.
Ventas, margen si tu programa tiene costes y días reales de pago, cliente a cliente. El que más compra tarda 74 días en pagarte, no los 30 de la factura.

El director no deja al dueño tomar ninguna decisión a ciegas. Cada fase dice qué hace el equipo y, en dorado, lo poco que sigue siendo humano: elegir, pagar y firmar.
Tu programa de facturación en solo lectura, o una exportación de ventas en Google Sheets.
tú pegas la clave o compartes la hojaCada cliente con lo que compró en 12 meses, lo que te deja y cómo paga.
tú corriges lo que no cuadreTus cinco primeros, lo que pesan en tus ventas y lo que perderías si se va uno.
tú eliges a quién cuidar primeroCada lunes, quien compra bastante menos que hace seis meses, con el importe.
tú decides a quién llamarPara cada cliente clave: qué ofrecerle, cada cuánto verle y con qué argumentos.
tú decides precios y condicionesCartera, dependencia y días de pago cada mes; tres llamadas cada viernes.
tú llamas y visitasHolded, Quipu u Odoo, en solo lectura: facturas de venta, cobros y, si los tiene, costes. No escribe un asiento.
¿Sin programa? Una exportación de ventas por cliente en Google Sheets basta. El equipo trabaja con lo que haya en ella.
Euros al mes y al año, cliente a cliente, este semestre contra el anterior. No porcentajes sueltos.
Días reales entre la factura y el cobro, por cliente. El que siempre paga tarde deja de ser una sensación.
La ficha del cliente y lo que decir, en Archivos. A quién llamas, cuándo y qué ofreces lo decides tú.
El director crea tareas automáticas cuando hace falta. Nacen paradas: el dueño las enciende.
Si tu programa no guarda costes, no se inventa el margen: te lo dice y trabaja con ventas y cobros.
Gastar, firmar o enviar algo pasa siempre por una pregunta al dueño. Potencia con freno.
«Tu mejor cliente no avisa cuando empieza a irse. Yo miro tus números cada lunes. Tú llamas.»
La promesa del pack, tal como la lee el dueño en DescubrirLa ficha del pack en Descubrir lo dice igual que aquí: qué conectar, qué darle y qué decisiones siguen siendo tuyas.
Tus clientes, en números es un caso. La misma máquina monta una tienda online desde cero, vigila los gastos fijos y los contratos de un negocio, pone al día con la ley a cualquier pyme o sigue cada presupuesto hasta el sí o el no. Cada pack es un departamento con su director, sus empleados y su vigilancia.

Siete sectores: hostelería, comercio, gestoría, salud, servicios, educación y otros. Instalables por el propio dueño.
Secretaría, administración, ventas, marketing, atención, documentación, equipo, cobros, pagos, tesorería, impuestos, nóminas, analista, revisor y CEO… y los que cada pack trae.
Copiloto, directores de departamento y empleados digitales. Una empresa de una persona funciona como una de treinta.
Sin abrir una hoja de cálculo, sin contratar a nadie, sin aprender ninguna herramienta. Hablando con Enzo por WhatsApp como hablarías con un socio.