Con Wuama, cualquier persona tiene a su disposición un equipo completo de empleados digitales: uno te pone cada proyecto en cinco líneas el lunes, otro te dice qué vence hoy y mañana, otro caza lo que se pidió en Slack y nadie contestó, otro suma horas y gastos contra el presupuesto. Tú hablas con Enzo por WhatsApp. Ellos hacen el resto.
El lunes a primera hora: fase, lo hecho, lo atrasado, lo que espera al cliente y quién está bloqueado.
Cada mañana, las entregas de los dos próximos días, con quién tiene cada una y si la tarea se ha movido.
Cada tarde, lo que se pidió en Slack o Teams y sigue sin respuesta: quién lo pidió, a quién y desde cuándo.
Cada viernes, lo que tenía que salir y lo que salió. Lo que falta, con los días de retraso que lleva.
Cada mes, horas y gastos de cada proyecto contra su presupuesto. El que se come el margen, señalado.
Wuama no es un chatbot: es una organización. Enzo es el copiloto de la empresa; debajo, directores de departamento; debajo de cada director, empleados digitales expertos en lo suyo. El pack «Proyectos y encargos a tiempo» contrata el departamento entero con su director.
Habla con el dueño por WhatsApp y por el chat. Recibe cada encargo, decide a qué departamento va y devuelve el resultado en una frase.
Mira todos tus proyectos a la vez, decide contigo qué cuenta como «atrasado», reparte el trabajo a sus cinco empleados y cada lunes te dice dónde mirar.

Facturas, cobros, pagos, impuestos y el gestor.

Campañas, contenidos y publicación en redes.

Agenda, correo, nóminas y documentación.

Lee los canales de Slack o Teams y apunta cada petición sin respuesta: quién la hizo, a quién y desde cuándo.

Sabe quién tiene cada tarea, quién lleva demasiadas y quién espera a otro para seguir. Cruza cada entrega con tu calendario.

Suma horas y gastos de cada proyecto contra lo presupuestado, desde tu programa o tu hoja, y señala el que se come el margen.

Lleva la ficha viva de cada proyecto: fase, lo hecho, lo atrasado, lo que espera al cliente y la próxima entrega.

Cada viernes compara lo que tenía que salir con lo que salió, y cuenta los días de retraso de lo que falta.
5 tareas programadas que nacen paradas: el dueño enciende las que quiere. Solo recibe lo que importa, por WhatsApp, en su móvil.
Todos los días a las 08:00: las entregas de hoy y mañana. Hoy, cuatro; una lleva seis días sin moverse en Asana y su responsable tiene otras nueve tareas abiertas.
Siete proyectos, cinco líneas cada uno. Dos van atrasados; en uno, la maquetación lleva nueve días parada esperando los textos del cliente.
Una frase, una decisión. El dueño contesta desde el móvil y el equipo sigue.
Todos los días a las 18:00: lo que se pidió en Slack o Teams y nadie ha contestado. Hoy, dos: una duda sobre el presupuesto de impresión y una petición de acceso sin respuesta desde el jueves.
Doce entregas previstas, nueve hechas. Las tres que faltan, con quién las tiene y cuántos días de retraso llevan, para que decidas el lunes.
Horas y gastos de cada proyecto contra su presupuesto, si los llevas en tu programa o en una hoja. Este mes, uno ha gastado el 85 % de las horas con la mitad del trabajo hecho.

El director no deja al dueño tomar ninguna decisión a ciegas. Cada fase dice qué hace el equipo y, en dorado, lo poco que sigue siendo humano: elegir, pagar y firmar.
Tu herramienta de tareas (Asana, Notion o Google Tasks), tu calendario y, si quieres, Slack o Teams.
tú eliges la herramienta y das accesoTodos los proyectos abiertos en una tabla: fase, responsable, próxima entrega y lo que espera al cliente.
tú confirmas cuáles siguen vivosCuántos días sin moverse, qué entrega cuenta y qué retraso merece un aviso.
tú decides cuándo algo va tardeLo que vence por la mañana; lo que nadie contestó por la tarde.
tú hablas con quien está bloqueadoPrevisto contra entregado, y lo que falta con sus días de retraso.
tú decides las prioridades del lunesHoras y gastos contra presupuesto, proyecto a proyecto, cada mes.
tú hablas con el cliente y decides qué cobrarAsana, Notion o Google Tasks: proyectos, tareas, responsables y fechas. Lee; no mueve, no cierra y no reasigna ninguna.
Slack o Microsoft Teams: las peticiones que se quedan sin respuesta. No escribe un mensaje en ningún canal.
Google Calendar: cruza cada entrega con las reuniones, las ausencias y los festivos de la semana.
Horas y gastos contra presupuesto, entregas previstas contra hechas, días de retraso. En una tabla, proyecto a proyecto.
El correo al cliente que tiene que mandarte algo, el mensaje con las prioridades para tu equipo. En Archivos, para que lo mandes tú.
Cada proyecto en cinco líneas: dónde está, qué va tarde, por qué y qué decisión te toca. Sin diagramas que haya que interpretar.
El director crea tareas automáticas cuando hace falta. Nacen paradas: el dueño las enciende.
Gastar, firmar o enviar algo pasa siempre por una pregunta al dueño. Potencia con freno.
«No reparto el trabajo ni hablo con tu gente. Miro todas las listas cada mañana y te digo, antes de que llame el cliente, qué va tarde y por qué.»
La promesa del pack, tal como la lee el dueño en DescubrirLa ficha del pack en Descubrir lo dice igual que aquí: qué conectar, qué darle y qué decisiones siguen siendo tuyas.
Llevar los proyectos a tiempo es un caso. La misma máquina monta una tienda online desde cero, vigila los gastos fijos y los contratos de un negocio, sigue cada presupuesto hasta el sí o el no, o tiene al día con la ley a cualquier pyme. Cada pack es un departamento con su director, sus empleados y su vigilancia.

Siete sectores: hostelería, comercio, gestoría, salud, servicios, educación y otros. Instalables por el propio dueño.
Secretaría, administración, ventas, marketing, atención, documentación, equipo, cobros, pagos, tesorería, impuestos, nóminas, analista, revisor y CEO… y los que cada pack trae.
Copiloto, directores de departamento y empleados digitales. Una empresa de una persona funciona como una de treinta.
Sin ser jefe de proyectos, sin contratar a nadie, sin aprender ninguna herramienta nueva. Hablando con Enzo por WhatsApp como hablarías con un socio.